Argentina cayó en el ranking global de libertades cívicas
por Manuela Calvo
Qué pasó y por qué es grave

El nuevo informe “Poder Ciudadano Bajo Ataque 2025”, publicado por CIVICUS Monitor, confirma un deterioro significativo del espacio cívico en Argentina. El país descendió a la categoría de “obstruido”, junto con Estados Unidos, según la sección de cambios en la clasificación del documento.
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Este retroceso no es un detalle técnico: implica que se achican las libertades fundamentales que permiten la vida democrática o sea, la libertad de expresión, de asociación y de protesta pacífica, y que aumenta el riesgo de abusos estatales contra la sociedad civil, los movimientos sociales, el periodismo y las personas defensoras de derechos humanos.
"Argentina descendió de la categoría de “estrecho” a la de “obstruido” debido al deterioro brusco del espacio cívico desde la investidura del presidente Javier Milei" explica el informe.
El informe alerta que las democracias históricamente sólidas muestran signos de un rápido giro autoritario, marcado por el debilitamiento del Estado de derecho y el aumento de restricciones a la sociedad civil independiente. Y sostiene que Argentina y Estados Unidos constituyen ejemplos ilustrativos de esta situación.
Espacio cívico obstruido
Según CIVICUS, la categoría “obstruido” reúne a los países donde el Estado permite formalmente protestar, expresarse y organizarse pero en la práctica usa tácticas de intimidación, criminalización, detenciones, violencia o regulaciones restrictivas para limitar esos derechos. Esto incluye detenciones arbitrarias en protestas, impedimentos administrativos para organizaciones, campañas de estigmatización, reformas legales regresivas y ataques a periodistas.
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El informe registra que en 2025 las protestas derivaron en masivas detenciones, incluyendo estudiantes, periodistas, personas mayores y transeúntes que ni siquiera participaban de las marchas.
Este tipo de respuesta estatal masiva, indiscriminada y dirigida incluso contra la prensa es un indicador central del deterioro cívico. Además, se inscribe en una tendencia regional donde se criminaliza la protesta social, se refuerza el discurso de “enemigos internos” y se busca acallar voces críticas.
Mayor riesgo para periodistas
El informe muestra que la detención de periodistas es la segunda violación más frecuente del espacio cívico a nivel mundial, registrada al menos en 73 países. Argentina aparece mencionada dentro de los países donde las manifestaciones incluyeron detenciones de profesionales de prensa. Esto significa menos capacidad de documentar abusos y más censura de facto.
En 2025, la libertad de expresión continuó siendo la libertad cívica más vulnerada en las Américas. Además, desde 2018, los ataques, los actos de intimidación y las amenazas contra los profesionales del periodismo figuran entre las cinco violaciones más comunes de la región, una situación que subraya la existencia de un clima cada vez más hostil para los medios de comunicación y los peligros crecientes para periodistas.
Se documentaron ataques contra profesionales del periodismo en al menos nueve países, casos de intimidación en catorce y amenazas en doce. Cabe destacar que las protestas son espacios particularmente peligrosos, dado que en ellas se produjo el 40 % de los ataques físicos registrados en la región. Además, el uso excesivo de la fuerza suscita preocupación, ya que con frecuencia se ha señalado a las fuerzas de seguridad como los principales responsables de la violencia.
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"En Argentina, la Gendarmería Nacional disparó horizontalmente un cartucho de gas lacrimógeno contra el fotoperiodista Pablo Grillo durante unas protestas de jubilados cerca del Congreso, en marzo de 2025. El impacto en la cabeza le provocó una lesión cerebral grave y tuvo que permanecer en cuidados intensivos." resalta el informe sobre los ataques a la prensa en nuestro país.
Criminalización del activismo
CIVICUS describe casos en la región donde se procesan penalmente a defensores ambientales, comunitarios y de derechos humanos. Aunque los ejemplos específicos citan principalmente a otros países, Argentina queda clasificada en un grupo donde la criminalización del activismo es un riesgo concreto y creciente.
"Las detenciones de PDDH figuran por primera vez entre las cinco violaciones más frecuentes de la región. Se registraron casos en al menos doce países, entre ellos Argentina, Dominica, Ecuador, El Salvador, México y Paraguay. Las autoridades recurren cada vez más al derecho penal para catalogar a los activistas como delincuentes, enemigos o terroristas, y no dudan en utilizar la difamación, las acusaciones imprecisas y las detenciones preventivas prolongadas para silenciarlos." sostiene el informe.
Argentina entra ahora en la categoría donde la criminalización del activismo ambiental y social es un riesgo creciente, las detenciones arbitrarias y los procesos penales se vuelven herramientas de disciplinamiento, las organizaciones sociales operan en un clima de mayor vigilancia y hostigamiento. En términos de derechos humanos, esto supone un retroceso estructural.
Restricción de la protesta
A nivel mundial, CIVICUS documentó más de 200 protestas con detenciones, muchas de ellas injustificadas. En Argentina, el patrón se repite: detenciones arbitrarias, represión desproporcionada y políticas que desalientan el derecho a manifestarse.
En el caso argentino, esto se expresa en operativos policiales desproporcionados, hostigamiento a manifestantes, tácticas de intimidación, campañas políticas y mediáticas que criminalizan la protesta, judicialización selectiva de líderes sociales. Cuando estos patrones aparecen de manera sostenida, CIVICUS considera que el país ha dejado de tener un “espacio estrecho” y pasa a un “espacio obstruido”.
Retroceso democrático
El informe advierte que solo 39 de 198 países tienen hoy un espacio cívico plenamente abierto, mientras que el 73% de la población global vive en espacios restringidos. Argentina ahora se suma al grupo en retroceso del que no solia ser parte.
Argentina ahora ya no integra el grupo de países donde las libertades están moderadamente garantizadas. Esto tiene implicancias, mayor riesgo de legislación regresiva, debilitamiento de la supervisión pública sobre las decisiones del Estado, normalización de la represión ante conflictos sociales y dificultades para ejercer la libertad de expresión sin represalias.
En términos democráticos, Argentina ingresa a una zona de mayor vulnerabilidad institucional.
¿Qué debería monitorearse en adelante en Argentina?
Según las tendencias globales que CIVICUS observa, los focos son críticos, como la aparición de leyes restrictivas por ejemplo.
El informe señala que 66 países en 2025 avanzaron en leyes que restringen protestas, financiamiento de ONGs, libertad de expresión o ciberseguridad. Si Argentina replica este patrón, el espacio cívico podría deteriorarse aún más. Por otro lado CIVICUS identifica un aumento sostenido de casos de persecución judicial a activistas y periodistas. Por lo que se alerta que en Argentina ya se observan señales y podrían consolidarse.
Además, si los operativos represivos se transforman en la respuesta estatal estándar, el país podría descender aún más a “represivo”, y es importante observar y frenar la estigmatización mediática y política porque es una tendencia que CIVICUS menciona en múltiples regiones: discursos oficiales que presentan a activistas, docentes, sindicatos o periodistas como “enemigos”. Esta narrativa suele preceder la restricción formal de libertades.
Hubo un tiempo en que Argentina era un faro. Un país que, después de haber atravesado el horror, le enseñó al mundo que la dignidad podía reconstruirse desde la valentía civil. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo caminaron solas cuando nadie se animaba, enfrentaron a una maquinaria de terror con un pañuelo blanco y con la certeza de que la memoria era un acto político y un acto de amor. Y desde su lucha Argentina convirtió la defensa de los derechos humanos en una marca de identidad, en un compromiso que trascendió fronteras y generaciones.
Décadas después, fue el movimiento feminista argentino el que volvió a mostrar que este país sabía abrir caminos y se multiplicaron esos pañuelos como simbolo de lucha social. Desde el pañuelazo verde hasta el grito colectivo del Ni Una Menos, Argentina inspiró a todo un continente. Las pibas de acá le enseñaron a la región que un movimiento organizado, masivo y persistente podía torcer la historia en favor de las mayorías, de la igualdad, de la vida libre de violencias. Por eso duele tanto este retroceso.
Porque no se trata solo de indicadores globales o de informes internacionales, se trata de una fractura moral. De pasar de ser ejemplo a ser advertencia. De haber exportado luchas emancipadoras a ver cómo hoy las violaciones a los derechos humanos dejan de ser excepciones y comienzan a instalarse como prácticas posibles.
No es ajeno, no es aislado, no es exagerado. Es un signo de época, un síntoma de un país que se está alejando de sus mejores tradiciones democráticas y acercándose peligrosamente a formas de autoritarismo que creíamos superadas. Y si algo nos enseñaron las Madres, las Abuelas y el feminismo argentino, es que ningún retroceso es definitivo si existe un pueblo dispuesto a defender lo conquistado.
Que la memoria no es un museo, es un territorio vivo. Y que en ese territorio todavía hay una certeza que nos une: no estamos condenados a aceptar este oscurantismo como destino.
La historia argentina demostró una y otra vez que cuando se vulneran derechos, las resistencias vuelven a brotar.
Y que cada retroceso trae también una oportunidad para volver a nombrar lo que somos, lo que fuimos y lo que no estamos dispuestos a perder.