La controversia de la bandera arcoiris no es nueva, ni exclusiva de La Rioja

 

por Manuela Calvo

EL izamiento de una bandera arcoiris gigante en La Rioja despertó controversias. Uno de los argumentos que más se repitió fue que que este acto en conmemoración al día del Orgullo constituía un hecho ilegal o sin antecedentes. Sin embargo, la evidencia muestra lo contrario. En distintos países, y especialmente en España, este mismo debate lleva años desarrollándose y llegó incluso a los maximos tribunales.

La controversia española

En 2020, el Tribunal Supremo español resolvió un caso que originalmente no estaba relacionado con la bandera LGTBIQ+, sino con una bandera de otro movimiento exhibida por un ayuntamiento. El tribunal fijó entonces un criterio general de que los edificios públicos no debían exhibir banderas no oficiales, invocando el deber de objetividad y neutralidad de las administraciones públicas. Esa doctrina fue utilizada posteriormente para cuestionar también la colocación de la bandera del Orgullo en numerosos municipios. A partir de ese fallo, varios ayuntamientos dejaron de exhibir la bandera, mientras otros decidieron mantenerla igualmente, generando nuevas controversias políticas y judiciales.

En 2023, España aprobó la Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI. Esa norma incorporó un artículo que dispone que los poderes públicos deben fomentar el reconocimiento institucional y la participación en los actos conmemorativos de la lucha por la igualdad real y efectiva de las personas LGTBI. Ese cambio legislativo volvió a abrir el debate jurídico. La pregunta pasó a ser ¿Puede una administración cumplir ese mandato legal exhibiendo la bandera del Orgullo o eso vulnera el principio de neutralidad institucional?

En diciembre de 2024, el Tribunal Supremo volvió a pronunciarse. Esta vez analizó específicamente la exhibición temporal de la bandera del Orgullo en edificios públicos durante el 28 de junio. Aunque ja decisión, no fue unánime, porque uno de los magistrados emitió un voto disidente sosteniendo que la bandera representaba una posición ideológica y que las instituciones debían mantener una neutralidad más estricta. La mayoría del tribunal concluyó que esa práctica no vulnera el deber de neutralidad, porque la bandera del Orgullo no constituye un símbolo partidario sino una manifestación vinculada con la promoción de la igualdad y la no discriminación, objetivos expresamente reconocidos por la legislación española.

Controversias similares en Argentina

En Argentina existen antecedentes de discusiones similares, casi siempre estructuradas alrededor de los mismos ejes, el lugar de la bandera nacional, el uso de edificios o mástiles públicos, la legalidad del acto y la acusación de “falta de respeto” a los símbolos patrios.

En Gualeguaychú, en 2019, la Municipalidad colocó la bandera del Orgullo en edificios públicos junto a la bandera argentina, la bandera provincial y la bandera local. La decisión generó cuestionamientos de grupos conservadores, que objetaron la presencia del símbolo en dependencias municipales. El eje de la crítica fue similar al que aparece ahora en La Rioja, la idea de que el Estado no debía exhibir esa bandera en espacios institucionales.

En Tolhuin, Tierra del Fuego, el Concejo Deliberante aprobó una ordenanza para izar la bandera LGBT en un mástil paralelo al pabellón nacional durante cinco fechas al año. La medida provocó una campaña de recolección de firmas en contra y declaraciones de referentes políticos que sostenían que la ordenanza sería contraria a la legislación nacional.

En Córdoba, en 2020, la controversia escaló más allá de los comentarios en redes, un grupo de personas intentó arriar la bandera de la diversidad sexual izada en el Parque Sarmiento y también fue destruida una placa vinculada al Orgullo. Organizaciones de diversidad sexual y de derechos humanos repudiaron el hecho y lo señalaron como un ataque contra un espacio público y contra la visibilidad del colectivo LGBTIQ+.

En Río Cuarto, también se registraron episodios de controversia por el retiro de una bandera LGBT y su reemplazo por la bandera argentina. Nuevamente, el conflicto fue narrado en términos de símbolos patrios, patriotismo y legitimidad del uso del espacio público.

En la Ciudad de Buenos Aires, en 2021, militantes vinculados al espacio NOS vandalizaron una bandera del Orgullo desplegada junto al Obelisco. El hecho fue filmado y difundido en redes sociales con consignas que asociaban la bandera LGBT con una amenaza a la “Patria”. El episodio fue repudiado por la Federación Argentina LGBT y por la Subsecretaría de Derechos Humanos porteña.

Estos antecedentes muestran que las reacciones observadas en La Rioja forman parte de un patrón más amplio. Las polémicas suelen comenzar por una acción institucional de visibilización y rápidamente se reencuadran como una disputa sobre la bandera argentina, la identidad nacional o la supuesta ilegalidad del acto.

Ese patrón también permite distinguir dos planos, una cosa es debatir administrativamente cómo deben organizarse los símbolos en espacios públicos, y otra muy distinta es convertir esa discusión en discursos de hostilidad, estigmatización o rechazo hacia la comunidad LGBTIQ+.

La controversia en La Rioja

Desviando el eje de la razón por la que los 28 de Junio muchas ciudades izan esta bandera. Una parte importante de los comentarios cuestiono la decisión del municipio, el uso del espacio público o el significado institucional del acto. Por ejemplo, que el Estado no debería exhibir esa bandera, que la bandera argentina debería ocupar otro lugar, que el municipio tiene otras prioridades. Todas estas son opiniones políticas, y si bien pueden ser acertadas o no, son parte de un debate legítimo. 

Después circu´ló mucha desinformación. Los medios no solo corrieron el foco de la conmemoración del día del orgullo para dar contexto, sino que hubieron publicaciones asegurando hechos falsos al respecto, como que todas las banderas nacionales habian sido reemplazadas. Entre entre la desinformación más repetida se enctró la afirmación de que el izamiento constituye un delito, que nunca antes ocurrió algo similar, que la ley prohíbe cualquier exhibición de una bandera distinta de la nacional, que el artículo 222 del Código Penal se aplica automáticamente a este caso.

Y aunque la mayor parte de la conversación se concentró en debates sobre patriotismo y legalidad. Dentro de ese universo también se identificaron expresiones que exceden la crítica institucional y reproducen mecanismos característicos de los discursos de odio deshumanización, ridiculización, generalizaciones sobre un colectivo, asociaciones estigmatizantes y negación de su legitimidad para ocupar el espacio público. Estas formas de expresión no constituyen simples diferencias de opinión sobre una política pública, sino que contribuyen a consolidar prejuicios hacia un grupo históricamente discriminado. 

La ridiculización reiterada que constituye una forma de estigmatización porque presenta a un grupo social como objeto de burla y desprecio. Otro patrón frecuente es el de la atribución de características negativas al conjunto del colectivo presentándose como una amenaza, un privilegio, una imposición, o un grupo que busca reemplazar símbolos nacionales. Las generalizaciones son uno de los mecanismos clásicos mediante los cuales se construyen prejuicios sociales.

Muchos comentarios no solamente cuestionan el acto. Plantean que el colectivo directamente no debería tener presencia en el espacio público. Ese tipo de discurso trasciende el debate sobre la bandera, donde la discusión deja de ser "No estoy de acuerdo con esta política”, para pasar a ser "Ese colectivo no debería ser visible."

También hubo comentarios que vinculan a la diversidad sexual con la decadencia, la corrupción moral, la destrucción de la familia, el adoctrinamiento. Y ese tipo de asociación construye una imagen del colectivo como un peligro para la comunidad.

Entre los comentarios analizados también aparecen referencias al terrorismo de Estado argentino, particularmente menciones a Jorge Rafael Videla, al "Falcon verde" y a prácticas asociadas con la desaparición forzada de personas. Estas expresiones no constituyen simples referencias históricas. En el contexto en que fueron utilizadas funcionan como mecanismos de amenaza simbólica dirigidos hacia un colectivo específico, evocando uno de los períodos más graves de violencia estatal de la historia argentina.

La utilización de esas referencias desplaza el debate desde la crítica a una decisión institucional hacia formas de legitimación de la violencia política, incorporando elementos que exceden ampliamente la discusión sobre el izamiento de una bandera. Estos mensajes reiterados son relevantes porque utilizan un episodio histórico de violencia masiva como recurso simbólico para amenazar a una comunidad e incitar a la violencia contra ese colectivo históricamente marginado. 

Cuando cambia el tema, también cambia el sentido de la conmemoración

El Día Internacional del Orgullo nació como una jornada de memoria y reivindicación de derechos. Cada 28 de junio recuerda los disturbios de Stonewall, ocurridos en Nueva York en 1969, cuando personas LGBTIQ+ resistieron una redada policial que simbolizaba décadas de persecución, criminalización y exclusión. Desde entonces, la fecha se convirtió en un día para visibilizar a un colectivo que históricamente fue invisibilizado, perseguido o privado de derechos.

La bandera arcoíris surgió años después como un símbolo de esa lucha. Es universal, no representa un partido político ni reemplaza a los símbolos nacionales. Representa la diversidad sexual y de género y la búsqueda de igualdad de derechos. Por esa razón, cada año miles de ciudades, universidades, organismos públicos y parlamentos alrededor del mundo realizan actos simbólicos durante el Mes del Orgullo. El objetivo no es sustituir los símbolos patrios, sino expresar un compromiso institucional con la igualdad, la no discriminación y el reconocimiento de una comunidad que durante gran parte de la historia fue objeto de persecución.

El efecto del cambio de enfoque

El análisis de la conversación pública muestra que ese sentido original prácticamente desapareció del debate. En las primeras horas posteriores a la publicación institucional, la mayor parte de la conversación dejó de girar alrededor del Día del Orgullo y pasó a concentrarse en la bandera argentina, la legalidad del izamiento y la eventual existencia de un delito. Ese cambio de foco tiene consecuencias.

Cuando el centro de la discusión deja de ser la conmemoración de una fecha vinculada con los derechos humanos y pasa a ser una controversia sobre símbolos patrios, el motivo que dio origen al acto pierde visibilidad. En otras palabras, el debate deja de preguntarse por qué existe el Día del Orgullo y comienza a discutir exclusivamente la legitimidad del símbolo que lo representa.

¿Por qué importa la visibilidad institucional?

Las políticas de visibilización parten de una premisa ampliamente reconocida en los sistemas internacionales de derechos humanos porque la igualdad jurídica no siempre elimina la discriminación social. Por ese motivo, numerosos Estados desarrollan acciones simbólicas, campañas públicas, iluminaciones de edificios, declaraciones institucionales o izamiento temporal de banderas destinadas a reconocer a grupos históricamente discriminados y reafirmar el principio de igualdad ante la ley. Estas acciones no eliminan por sí mismas la discriminación, pero cumplen una función pública de comunicar que todas las personas, independientemente de su orientación sexual o identidad de género, forman parte de la comunidad y merecen igual dignidad y protección.

Las controversias forman parte de cualquier sociedad democrática. Cuestionar una decisión estatal o debatir sobre el uso de símbolos públicos es una expresión legítima del pluralismo. Sin embargo, cuando toda la conversación pública queda absorbida por la polémica sobre la bandera, existe el riesgo de que desaparezca del debate la razón por la cual esa bandera fue izada. En el caso analizado, los comentarios dedicaron mucho más espacio a discutir la ubicación de un símbolo que a reflexionar sobre la discriminación, la violencia o la desigualdad que motivan la existencia del Día Internacional del Orgullo.

Ese desplazamiento no modifica únicamente la agenda mediática. También transforma el significado social del acontecimiento de una jornada pensada para visibilizar derechos termina siendo percibida, principalmente, como un conflicto, marginando una vez más a quienes históricamente han sido marginados.