La feria del libro en La Rioja

Vuelve la Feria del Libro de La Rioja con un significado que excede ampliamente la organización de un evento cultural

 

por Manuela Calvo

Después de que la edición 2025 fuera suspendida por las dificultades financieras que atraviesa la provincia, su regreso bajo el lema “Memoria, Cultura y Resistencia” se posiciona políticamente  sosteniendo la producción cultural en un contexto de fuertes restricciones presupuestarias. 

Más de dos décadas de historia

La Feria del Libro de La Rioja comenzó a desarrollarse hace más de veinte años y este año celebra su 23.ª edición. Desde sus orígenes nació con el objetivo concreto acercar los libros y los autores a la comunidad riojana. Pero con el tiempo fue ampliando su alcance hasta convertirse en uno de los encuentros culturales más importantes del NOA y en el principal evento cultural de la provincia. 

Hoy reúne editoriales, librerías, universidades, bibliotecas populares, escritores, ilustradores, docentes, investigadores, músicos, artistas y gestores culturales de distintos puntos del país, convirtiéndose en un espacio donde circulan ideas, conocimiento y producción local.  

¿Por qué es importante sostener este evento en este contexto?

Cuando una provincia atraviesa dificultades económicas, suele aparecer la idea de que la cultura es un gasto prescindible. Pero en marco de un desmantelamiento del sistema cultural, cognitivo y científico del país, la feria democratiza el acceso a los libros y al encuentro con escritores, investigadores y artistas, pasa a ser un recurso estratégico para una provincia fuertemente castigada por sostener políticas de justicia social. Además la feria moviliza la economía beneficiando a editoriales, librerías, imprentas, diseñadores, ilustradores, gastronomía y comercios cércanos que hoy están atravesados por esta devastadora crisis. 

En provincias alejadas de los grandes centros editoriales, estos espacios permiten visibilizar autores locales, investigaciones sobre la historia provincial, producciones independientes y expresiones artísticas que difícilmente encontrarían la misma difusión en otros circuitos. La cultura deja de consumirse únicamente desde Buenos Aires y también se produce desde los territorios gracias a estos despliegues estatales. 

Las ferias del libro no son solamente lugares donde se venden publicaciones. Son espacios donde circulan debates sobre historia, ciencia, educación, derechos humanos, patrimonio, tecnología, ambiente y memoria colectiva. En ese sentido, fortalecen el pensamiento crítico y la participación democrática.

La coyuntura

Según la propia organización, la situación económica no mejoró sustancialmente de la de 2025, pero este año se decidió realizar igualmente la feria mediante nuevas articulaciones con organismos regionales, el Consejo Federal de Inversiones y actores privados. 

La edición 2026 de la Feria del Libro de La Rioja no representa solamente una semana de actividades literarias, sino que plantea que la cultura no es un lujo reservado para tiempos de abundancia, sino un bien público cuya preservación también forma parte del desarrollo de una sociedad.

Cultura como resistencia

La suspensión de la Feria del Libro en 2025 no significó el fin de la actividad cultural en La Rioja, por el contrario, produjo una respuesta social que dejó en evidencia el lugar que ocupa la cultura en la identidad de la provincia.

Frente a la ausencia de la feria oficial, escritoras y escritores, editoriales independientes, artistas, colectivos culturales, bibliotecas, gestores y ciudadanos comenzaron a organizarse para que ese vacío no se tradujera en un año sin libros, sin encuentros y sin debate. Así nacieron varios encuentros comunitarios como respuesta activa a aquella ausencia. La legislatura acompañó la noche de las librerías, el municipio albergó una feria en la vieja estación, la carrera de letras de la UNLaR desplegó un evento literario lleno de actividades y nació la Feria del Libro Independiente y Autogestiva organizada en una asamblea abierta con la participación de cualquier ciudadano interesado en sostener lo que el estado no estaba pudiendo garantizar. La sociedad respondió activamente a la crisis y el desfinanciamiento, como viene sucediendo ante diversas medias de ajuste del gobierno nacional contra el sector cultural. 

Lejos de entender la cultura como un servicio que simplemente se consume, la sociedad riojana respondió produciéndola colectivamente. Ese fenómeno tiene un profundo valor simbólico. Demuestra que la cultura no depende únicamente del financiamiento estatal, aunque éste siga siendo fundamental para garantizar el acceso igualitario. También vive en las redes comunitarias, en las organizaciones culturales y en la voluntad de quienes consideran que leer, crear y encontrarse son derechos que merecen ser defendidos.

La edición 2026 refleja esa convivencia entre ambas expresiones, que mientras la Feria del Libro oficial vuelve con una amplia programación y una postura de resistencia, la FLIA continúa existiendo y desarrollándose de manera paralela. Una vez finalizada la programación oficial, la feria independiente extenderá la experiencia de la comunidad riojana durante tres jornadas más las actividades culturales, ampliando el tiempo de encuentro entre autores, lectores y artistas con mucha voluntad saliendo de la lógica de la competencia entre dos ferias, y demostrando la consolidación de un ecosistema cultural que se fortaleció en la adversidad. La ausencia temporal del Estado no apagó el interés por la cultura, al contrario impulsó nuevas formas de organización social que hoy conviven con el regreso de la feria oficial.

En ese sentido, el desfinanciamiento produjo un efecto paradójico. En lugar de resignar la vida cultural de la provincia, despertó una reacción colectiva que reafirmó que la cultura constituye un patrimonio común. La respuesta de la ciudadanía fue clara, si las dificultades económicas impeden sostener un espacio histórico, la comunidad encontrará la manera de mantener viva esa tradición.

La historia reciente de la Feria del Libro de La Rioja muestra así, dos formas complementarias de resistencia. Por un lado, la decisión del Estado provincial de recuperar un evento emblemático pese a un contexto económico complejo. Por otro, la organización de una sociedad que decidió no esperar pasivamente el regreso de la feria, sino construir sus propios espacios de circulación de libros, ideas y expresiones artísticas.

Porque cuando una comunidad defiende sus espacios culturales, no está defendiendo solamente un evento del calendario. Está defendiendo el derecho a pensar, a debatir, a crear y a imaginar futuros posibles. Y esa es, quizás, una de las formas más profundas de resistencia cultural de la que la riojaneidad puede sentirse orgullosa.